Canaco Puerto Vallarta

In memoriam de Héctor Monroy Ramírez

Héctor Monroy Ramírez Héctor Monroy Ramírez

Por Martha Ramírez Ruiz

In memoriam de Héctor Monroy Ramírez

* De la ordeña a vendedor de pan se convirtó en exitoso empresario que se hizo acreedor al máximo galardón del pueblo y gobierno de Vallarta por su labor a la comunidad

A una edad que para otros se van cerrando las puertas para el porvenir, a Héctor Monroy Ramírez, apenas comenzaba a gestarse en futuro promisorio, cuando llega a establecerse cuasi cuarentón a Puerto Vallarta en 1978, en uno de sus reveses de la vida, casado y padre de tres hijos que de pronto se encuentra desempleado, y sin más estudios que ser “licenciado en primaria”, pero con el ímpetu del constante trabajo desde la adolescencia.

A su muerte a los 73 años de edad, el pasado fin de semana, en los servicios fúnebres, así como en la misa de cuerpo presente y su sepelio ayer domingo, familia, amigos y compañeros de mil batallas tanto en la Canaco, como en el Club Rotario, y otras agrupaciones donde fue dirigente, recordaron las vivencias compartidas con Monroy Ramírez,

Hace 34 años aquí vendría a labrarse un prospero porvenir en la misma rama en la que había trabajado como empleado, la comercialización de llantas, con una tenacidad en los negocios que le llevarían a ser uno de los representantes de la iniciativa privada más aguerridos en las últimas dos décadas del siglo pasado en esta ciudad.

Galardonado en el 2004 con la máxima presea que otorga el pueblo y gobierno municipal: el Premio Vallarta en la categoría de Asistencia Social por la labor desempeñada a favor de la comunidad, como presidente fundador del Club Rotario Sur y del Patronato del Centro de Integración Juvenil-

Una vida que reconstruyo en entrevistas testimoniales en ocasión de los aniversarios 35 y 39 de la Cámara Nacional de Comercio, sirven de base para una semblanza de Monroy Ramírez, un personaje que hizo historia en Puerto Vallarta.

Originario de Guadalajara, nació el 10 de abril de 1939, el mayor de once hijos, a la muerte de su padre, tuvo que abandonar los estudios y darle la lucha a la vida en un establo de un tío, desde la ordeña hasta la venta de la leche, también trabajo en una gasolinera, hasta que se emplea en 1961 como repartidor de la empresa “Bimbo, en zona metropolitana de Guadalajara, mientras cumplía con su ruta: “soñaba con viajar en avión, me visualizaba con un portafolio, y me imaginaba también hablando en público, esos eran mis sueños”.

Con el tiempo lograría colocarse en un empleo estable, en la venta de llantas de la empresa “General Popo” en que llegaría a convertirse en gerente regional, hasta que por azares de la vida, pasa de ser un alto ejecutivo a un desempleado con un futuro incierto.

“Me sentía fracasado”, rememoraba de aquellos aciagos tiempos en que padece penurias para poder recomenzar una nueva vida en Puerto Vallarta, en esa esquina de la avenida de Ingreso y Niza en la colonia Versalles, en donde hoy florece el negocio de “Good Year Monroy”, tras el cual existe una historia personal y familiar de tesón y constantes esfuerzos.

Tenacidad que le llevaría a proyectar esos esfuerzos al involucrarse en la Canaco Servitur, que le valió ser electo como el 17º presidente del Consejo Directivo, durante dos periodos consecutivos (1993- 1994).

Con el récord de haber sido consejero y directivo durante siete años consecutivos, , dos como vicepresidente de comercio, los dos de su presidencia y uno más como consejero en la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Concanaco).

En un recuento del inventario de esa gestión al frente del Consejo Directivo de la Canaco Servitur, se destacó por ser aguerrido al momento de defender los intereses del comercio organizado, y emprender con éxito ante al Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) la lucha para que se suspendieran las actividades de su homologa la Canacopeq en Puerto Vallarta, por las practicas viciadas de esa organización.

También durante su gestión es que se logran regularizar tramites para dar una seguridad jurídica del patrimonio de la organización, debido a la situación legal por la dotación del espacio en que se construye el edificio sede en la calle de Morelia en la colonia Versalles, “éramos ejidatarios de azotea” dice son ese humor mordaz que le caracterizó.

De su gestión al frente de la Canaco Servitur, con el saldo de “satisfacciones, sin sabores y hasta malos ratos”, no por ello deja de conservar “el orgullo de haber representado al comercio organizado”, y haber removido a funcionarios “corruptos” como al subdelegado de la Profeco, en una retrospectiva, mira de frente “porque no hay nada que pueda decir que hice algo indebido, nunca ni di, ni me dieron cochupo”.

Eso sí, admitía que “yo puse el mal ejemplo” al ser postulado como candidato a regidor en la planilla del PRI que encabezó Sergio Arat Sánchez a la presidencia municipal en 1995, recién concluida su segundo periodo en la presidencia del Consejo Directivo de la Canaco”. Pero esa ya es otra historia.

En el 2006 falleció su esposa Rosario Flores, y de los hijos que tuvieron se sentía orgulloso del legado de haberles brindado estudios universitarios, en los últimos años de vida encontró una nueva compañera con quien compartió hasta el final.

Hoy a con su deceso van sus propias palabras para despedir a don Héctor Monroy Ramírez: “Es una gran satisfacción de poder llegar a una posición que me permitió hacer el mejor papel dignamente, y que me deja el orgullo por el éxito. Me preparé para triunfar, no fui a la universidad, pero me preparé para sacar adelante algún talento, y aquellos sueños que tenía cuando era un vendedor del pan “Bimbo”… lo logré y cumplí mis metas”

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